Espero
"Ganar las fuerzas de la embriaguez para el servicio a la revolución...".
Walter Benjamin, El surrealismo
Incólume, espero, que las calles ardan en revueltas,
sentado en la banqueta cuento los días
del parto de nuevas vanguardias.
Espero, tedioso, e invento insólitas palabras.
Escribo cosmopolíticamente, una retórica colectiva
de furia y miedo, de espectros, de muertos,
de viejas revoluciones.
“Un asunto tenebroso”, dice el profesor aburguesado
atrapado en su época, oculto tras su escritorio,
erosionado por el marxismo ortodoxo,
enfermo de Ilustración.
Espero, no como un materialista histórico,
sino como un observador de las cosas enfermas,
abúlico y embriagado. El Juicio Final
está sucediendo.
Espero, permanezco todavía en la ciudad
construida hace cinco siglos sobre un lago,
sobreviviendo al hundimiento, disparando
contra águilas, destruyendo
los palacios enmohecidos y chuecos.
Que el mundo colapse, hiperbólico, espero
el día que mataré a todos los burócratas
y a los sucios gobernantes.
Espero, como el obstinado anciano que viajó
de la remota montaña
hacia la plaza de la capital, solamente,
para golpear con sus propias manos
y escupir al nauseabundo
cadáver de Mussolini.


El Juicio Final está sucediendo.
El día que mates a todos los burócratas yo te acompaño