El silencio
Agosto de 2017. Aquel beso que te di bajo la ceiba con una mirada perfidísima, ¡que arda esa imagen maldita! El quejido largo de nuestros hijos y la herencia de nuestros nietos, aquellos futuros que no fueron. La herida bermeja imborrable, vocifera las plurales violencias, discontinuidad de los caminos. Luces del ocaso que se apagan, un vagabundeo de palabras, juntos deshabitamos el hogar. Palabras impronunciables al fin, en la hora más pública de todas, lejos de los dolores del mundo. Caer de los confines de un cuerpo, el cielo que ya no es inteligible; un tesoro que fue desenterrado. Estrellas que apagan su fuego, distorsionando toda constelación, agotadas de viajar por el vacío. Dar una puñalada en la espalda, con la fina precisión matemática y asestar otro golpe al corazón. Hablar de todos los temas y callar, coloreando algunos versos cenizos; orden de fotografías por destruir. La fragilidad de un simple diálogo en las esquinas de esas calles, con el tránsito de un atardecer. Deambulando en la tierra caliente y el implacable viento del istmo, derrumbando toda la esperanza. Un mundo que es incomprendido, fantasmas que sólo van y vienen, ¡quien habla solamente es el silencio! Con mis manos trabajo la venganza, el odio, la indiferencia y el duelo; el mutismo es el final del amor.

