Domingo
a Paulina B. G.
En la madrugada de un domingo dionisiacos caímos en la ebriedad por los exuberantes bosques del tiempo intoxicados atravesando las abandonadas calles imperfectos somos entre tanto intercambiamos labios las caricias húmedas las miradas irradiadas como si fuese el borde del mar con lenguas entre risas suspicacias de secretas lujurias impetuosos como aristócratas romanos entre lujos y decadencia orgiásticos para vivir en la dominación de nuestro delirio y sobrevivir a la infamia de la memoria Amor mío, me decías con un anzuelo en cada vocal abrazamos el cataclismo de volvernos una piel en el espacio que ocupa un cuerpo de esa manera rompemos las leyes físicas una noche que no es noche nos hemos poseído desde el crepúsculo y al amanecer despertamos matar el mito es matarnos a nosotros mismos como si fuese una meditación freudiana te hablé en silencio que el amor es voraz espero que estas palabras precisas guardes por siempre A Paulina B. G.


