Borges
Un ciego alzó la mirada al cielo alumbrado por errantes plurales descubrió miles adornos estelares figuras astronómicas que ardían y que a su vez desaparecían su oído perfeccionado escuchaba: pasos griegos entre los laberintos pretéritas vociferaciones judías históricas fundaciones míticas la rosa traída desde el paraíso En las últimas horas de este ocaso nos retiramos hartos del mundo la ciudad pareciera ajena y plana una vieja cartografía despedazada de humillaciones y fracasos ya no existen viles cronometrías ni largas manecillas de los relojes el mañana que será sólo nuestro él, anciano de vastas bibliotecas dio su último aliento en el jardín.

